Go to Top

La Señora Carmen

Hoy quiero hacer una excepción en las actividades que proponemos casi cada día.

Hoy es el aniversario de la muerte de una paciente a la que tenía especial cariño; a todos los enfermos a los que me ha tocado atender les he tenido aprecio, pero la Señora Carmen era especial. Hoy hace 5 años de su muerte y no me pude despedir de ella; el Alzheimer se la llevó inexorable hacia un mundo mejor; al menos mejor de lo que le había tocado vivir en este mundo.

Carmen tuvo el Alzheimer más fulminante que recuerdo; llegó y venció en apenas un año y unos meses. Para que tengan una imágen de ella, Carmen era una señora elegante; siempre arreglada (decía que toda su ropa era de boutique, “y no cualquiera, que era francesa“), collar de perlas que se había comprado con sus primeras “perillas”, bien peinada (pelo corto rubio), con sus “morrillos” siempre pintados de rosa  haciendo juego con sus uñas de una manicura perfecta. El perfume, de Chanel …y es que rezumaba aires franceses a cada paso que daba…

Carmen volvió a España con los primeros síntomas de la enfermedad; vivió exiliada en Francia a donde llegó en el vagón de un tren atestado de niños de la guerra; ella era su única cuidadora; apenas una adolescente hacendo de mamá de todos aquellos niños; enfrentándose como una valiente a guardias y gendarmes cada vez que paraban en una estación y pasando la frontera. Su única meta era que aquellos niños llegasen al menos a salvo hasta sus nuevos destinos; y lo consiguió a medias; algunos niños fueron arrancados de sus brazos por hombres sin pudor; nunca más supo de su paradero. Una pena que le acompañaría de por vida. El sufrimiento vivido en ese tren reapareció años después, con la enfermedad.

La Señora Carmen se integró muy bien en la nueva sociedad que le acogió; se casó y tuvo dos hijas a las que proporcionó unos estudios superiores, no sin esfuerzo; el sueño de Carmen era volver a España a descansar, cuando fuese mayor, pero volvió un poco tarde. Se enteraba a medias que estaba en su España añorada. Sus hijas decidieron internarla en una institucion en la costa levantina; pensaban que al menos la luz del mediterráneo podría hacer renacer la florecilla que había empezado a mustiarse; lejos de ello, la marchitó rápidamente. Claro, había pasado más tiempo en Francia que en España, y a veces, el cambio de ambiente para un enfermo de estas características es casi mortal. Es muy difícil ser familiar de un enfermo de Alzheimer; queriendo su bienestar, se logra lo contrario, muchas veces por ignorancia, así que no las culpo.

A la Señora Carmen le gustaba cantar habaneras, siempre estaba de buen humor, con una sonrisa pintada en la boca en todo momento; pero a medida que avanzaba la enfermedad, se volvió muy agresiva verbamente; después de dedicarte una sonrisa, torcía el gesto y gritaba con una inusitada energía: “PUTAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!”; acto seguido volvía a sonreir …Sus hijas pedían disculpas al personal a cada insulto de su madre; decían que nunca había sido así; siempre tan educada y correcta. Hubo que hacerles ver que no era su madre la que hablaba, sino el Alzheimer, y que no nos afectaba en absoluto; al contrario, la tratábamos con más cariño, si es que era posible.

Los demonios aparecieron, entonces; noches agitadas, gritos constantes que hacían alusión a los niños: “NOO!! A LOS NIÑOS NOO!! COGEDME A MÍ, PERO A LOS NIÑOS NO LOS TOQUEIS!“; enonces, investigando la etapa en la que “vivía” Carmen, fue cuando descubrí la historia del tren. Pobre Carmen, tener que sufrir tanto cuando no se lo merecía. Se me pone la carne de gallina sólo de recordarla.

Avanzada la enfermedad pasó por un parkinson que acabó con su movilidad, despuésa  no recordar a nadie, perdió la capacidad del habla…hasta que murió. Qué lástima no haberla acompañado en esos últimos momentos, porque sentía que cuando le cogía la mano fuertemente ella se tranquilizaba; yo le decía “Carmen, no te preocupes, los niños están bien” y ella me dedicaba una sonrisa, como diciendo “GRACIAS”. Me emociono pensando en aquellos momentos …

No puedo seguir ….

Carmen, espero que estés donde estés, te acuerdes de mí cantando “Cuando salí de la Habana”, bailando contigo “Carmen” (L’amour est un oiseau rebelle, que nul ne peut apprivoiser …) riéndonos con la Sra. Matilde, la cual siempre malhumorada no paraba de repetir que todo era “una mierda pinchada en un palo”. Gracias por formar parte de mi historia; una historia que yo todavía puedo contar.

Pero sobre todo, espero que descanses en paz.

About Eva

Licenciada en Pedagogía, está especializada en formación de adultos y gerontología educativa; aporta amplia experiencia en el diseño, implementación y evaluación de programas formativos y ha realizado varias investigaciones sobre el envejecimiento y la educación de mayores, que han dado como resultado la publicación de varios libros de ejercicios sobre el Alzheimer “Para que no se olvide” VOL. I y II