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El Alzheimer hereditario: Antonio

Hace unos meses les hablé de la Sra. Carmen; hoy quiero hablarles de Antonio, un apuesto hombre de 54 años, al que la enfermedad de Alzheimer se lo llevó un día de Julio de 2007.

Su hermana Sol, siempre a su lado, me solía decir: “dile a tus seres queridos que les quieres, antes de que sea demasiado tarde; yo pensé que tenía tiempo suficiente para decírselo a mi hermano, y míralo aquí, a sus cincuenta y poco …que ni me conoce”Antonio, al contrario de lo que podamos pensar (porque siempre asociamos la enfermedad con la vejez) comenzó con los síntomas de Alzheimer hacia los 50 años; al menos, los síntomas empezaron a ser visibles entonces, porque creemos que la enfermedad podía haber estado acompañándolo desde lo 45 años, aproximadamente. Pero qué adulto con esa edad, en plena madurez y esplendor, va a decir al resto del mundo que no recuerda dónde ha dejado las cosas, que prefiere coger el autobús y no ir en su propio coche porque se ha dado cuenta de que no sabe llegar al trabajo, que no quiere salir a cenar con sus amigos porque no es capaz de seguir sus conversaciones, que no quiere hablar por teléfono con su hermana porque siempre le echa en cara que está cada vez de peor humor; todo, por no dar explicaciones; todo por saber que aquello no era normal; todo por no querer enfrentarse a una realidad que temía, porque su madre, enferma de Alzheimer, vivía con él en su casa y reconocía en él mismo los primeros síntomas que aparecieron años atrás en su adorada madre.

Antonio sufría un Alzheimer hereditario o también llamado Alzheimer familiar; es una rara forma de la enfermedad que afecta a menos del 10 por ciento de los pacientes. Este tipo de Alzheimer se desarrolla antes de los 65 años, incluso en personas jóvenes como de 35 años. Está causada por una de las tres mutaciones genéticas en los cromosomas 1, 14 y 21. Si alguno de estos genes mutados se hereda de un padre, la persona casi siempre desarrolla la enfermedad. Todos los descendientes tienen un 50% de posibilidades de desarrollarla si uno de los padres la tiene. En este caso, Antonio la desarrolló; su hermana, hasta el día de hoy, no.

Antonio rápidamente empezó a dejar de comunicarse, de hablar, dejó de comer, de moverse …un cuerpo joven marchitado por la maldita enfermedad; como profesional, no debiera, pero sentía mucha pena por él, aunque no me conociera nunca; cada día era la eterna chica nueva que le visitaba y hacía ejercicios con él. Después llegó la nada. Encamado, intubado, rígido …no le quedaba nadie salvo su hermana; si la enfermedad avanzaba con gran rapidez sin que la medicación hiciera efecto, Sol, su hermana, le proporcionaba casi las 24 horas del día amor, cuidados y muchos besos y abrazos. Ella hacía lo mejor que sabía hacer; el resto nos lo dejaba a los profesionales; pero ella era al 100% la mejor medicina que Antonio pudo tener en todo su ingreso residencial.

Murió acompañado por ella, y puedo asegurar, que en su último suspiro, atisbé en la cara de Antonio una sonrisa de satisfacción, de felicidad. Quedó en paz y su hermana, suspiró y también sonrió: QUÉ LECCIÓN DE AMOR nos dió aquella mujer.

Espero que Sol (nombre ficticio, pero que espero que se reconozca en la historia) haya podido rehacer su vida sin la compañía de su hermano. Esa fuerza vital no se puede apagar tan fácil.

About Eva

Licenciada en Pedagogía, está especializada en formación de adultos y gerontología educativa; aporta amplia experiencia en el diseño, implementación y evaluación de programas formativos y ha realizado varias investigaciones sobre el envejecimiento y la educación de mayores, que han dado como resultado la publicación de varios libros de ejercicios sobre el Alzheimer "Para que no se olvide" VOL. I y II